Kiuchi Alberto: “Los peruanos son muy amables”

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Prefectura: Yamanashi
Año de llegada: 1935

Kiuchi AlbertoVine desde Yamanashi al Perú en 1935, cuando tenía 19 años de edad. Eso fue antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. En ese tiempo a los hijos de italianos, de alemanes y de japoneses los metían al calabozo. A mí me llevaron a la Sexta Comisaría, en la avenida Washington, en el centro de Lima. Estuve encerrado junto a muchos ladrones.

Opté por venir al Perú debido al dekasegi. Con la guerra ganó Mongolia, China, Rusia y Alemania, pero los japoneses éramos muy patrióticos y vendíamos muchas cosas para seguir con la guerra, pero yo me quedé pobre. Entonces un tío mío era director de un colegio y ganaba muy poco, pero me dijo que en el Perú había mucho oro, pero cuando llegué me di cuenta de que no había oro.

Un pariente me llamó y por medio del Consulado me dieron la autorización. Felizmente encontré trabajo como empleado en una encomendería. Me costó acostumbrarme, pero luego trabajé en la Hacienda Monterrico cerca de cinco años.

Además, trabajé en un bazar y fue en ese año cuando estalló la guerra. Me comunicaba con mi familia por medio de cartas y sufrían mucho. Después de unos años me quedé sin trabajo y alquilé una chacra de 40 mil m2 y gracias a Dios me dio frutos y gané dinero.

Japón perdió mucho después de la guerra, pero cuando regresé en el año 1964 para las XVIII Olimpiadas ya estaba todo muy bonito y Japón quedó en tercer lugar, obteniendo 15 medallas de oro.

Recuerdo que cuando estuvo de presidenta de la APJ la señora Elena Kohatsu, me eligieron presidente del Consejo de Fiscales. Cuando llegaron los emperadores de Japón, Akihito y Michiko, tuve la oportunidad de departir con ellos... todavía conservo en mi mente esos hechos. Y también por la invitación que me hicieron al agasajo para longevos organizado por Fujinkai en el mes de agosto, me siento muy agradecido.

En el Perú tengo a mi familia, mis hijos son profesionales y me siento contento aquí, ya me acostumbré porque me tratan bien. Los peruanos no son rencorosos, son muy amables con nosotros.